Con la nueva generación de celebridades, la calidad plástica del Ziggy Stardust de Bowie (3.1) alcanza el paroxismo. Entre las decenas de ejemplos que encontramos en los concursos de talento musical, tal vez la mejor expresión de esta nueva raza de humanos-plásticos sea Adam Lambert, concursante de la octava temporada de American Idol y colaborador frecuente de Queen desde el 2011. Los rasgos bronceados de Lambert parecen termoformados, su cabello una pieza de lego, sus atuendos un collage de texturas y superficies (calaveras, flores, cruces, pieles de animales, taches, cremalleras y costuras), un vestido mediático que intenta expresar un interior en vano. Su apropiación y vaciado de símbolos de rebelión y descontento como el cuero y los taches es exagerado al punto de resultar caricaturesco (5.11.1). Hay mucho pavoneo pero la mayor parte no es sino la imitación de una imitación de una imitación. A veces trasluce George Michael, a veces Michael Jackson, otras veces David Bowie. Como Max Headroom, su calidad plástica casi parece tener lugar en un vacío mediático que está más allá del alcance del mundo real.
Con Lambert, la zona indistinción entre ficción y realidad abierta por el dandi es llevada a su extremo lógico (2.2, 2.5, 2.7). Como en el caso de Ronald Reagan (4.14), su apariencia y maneras ya no conjugan el interior con el exterior, por que ya no son tales (5.10), han colapsado en una superficie que crea su propio valor por el simple hecho de ser tal.
Deja un comentario