“What else is on?”
“Yeah, let see what else is on.”
“Where’s the TV guide?”
The Truman Show (1998)
Mientras La ventana indiscreta nos muestra las dinámicas de la mirada voyeurista en relación al espacio privado y la realidad, The Truman Show (1998) de Peter Weir expande la casa intervenida por los medios de comunicación (9.9) a la totalidad de realidad social de un individuo. Truman Burbank es un habitante común y corriente de la población isleña de Seahaven que sin saberlo es el centro de un enorme reality show que ha abarcado su vida entera, desde su nacimiento hasta el presente. Sin embargo, luego de que una lampara de producción caiga frente a su casa, Truman empieza a sospechar que su realidad no es lo que parece. Al atar cabos se da cuenta que todo gira en torno a él y que por más que quiera no puede salir de Seahaven en autobus o avión, así que decide huir en un pequeño bote que lo lleva hasta el muro del enorme estudio donde tiene lugar el show. Luego de atravesar una tormenta provocada por los productores del show, Truman alcanza el horizonte que en realidad es el límite de su mundo. Como Westworld (6.17), The Truman Show es una reelaboración del mito gnóstico del escape de una realidad falsa a una verdadera. Christof, el creador del show hace las veces de demiurgo que controla todos y cada uno de los aspectos de la realidad de Truman, ya sea el clima, el tráfico o las palabras de cada uno de los actores. También encontramos un agente de liberación —que en muchas formas de gnosticismo es Sophia (sabiduría)—, en el personaje de Sylvia, un interés romántico de Truman que además de ser una actriz del show está interesada en que Truman se entere de la verdadera naturaleza de su realidad (6.4, 6.17). Las súplicas de Sylvia para convencer a Truman de que el mundo no es lo que parece (¡es un set, todo el mundo te está viendo!), no son diferentes de las de Howard Beale (9.3) para que regresemos a la realidad.
Por otro lado, en The Truman Show la telerrealidad —el mapa del Imperio—, se ha tragado por completo al territorio. Visto así el show de televisión que presenta la vida de Truman es una híperrealidad en el sentido que Baudrillard le da al término, pero para lograr esta gigantesca ilusión el estudio de televisión donde tiene lugar el programa debe ser una realidad aparte, una enorme burbuja demiúrgica que trae la idea del paradeisos, el jardín amurallado, a la esfera de los medios de comunicación: un parque donde Truman se convierte en la presa de un nuevo tipo de cacería mediática.
Ahora, si Truman está atrapado en un paradeisos/burbuja demiúrgica, los espectadores de su show no se quedan atrás. Tan pronto Truman escapa por una puerta en el horizonte del estudio y se corta la transmisión, dos televidentes intercambian las palabras del epígrafe. Un lugar terrible dentro de otro.
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