La aparición del paradeisos virtual produce un nuevo umbral que subsume al domus humano dentro del parque de cacería. Ahora bien, en este caso el domus debe ser entendido como dos capas diferenciadas: la primera es la casa entendida como el hogar literal de todo humano, y la segunda es la antroposfera (10.1) que cubre la totalidad de las interacciones humanas, tanto físicas como conceptuales, y podría ser definida como el dominio humano (0.24). Este nuevo umbral digital es en parte un legado del umbral creado por los medios tradicionales que —aunque reducen considerablemente la distancia entre emisor y receptor—, continúan siendo medios, es decir, intermediarios entre estos dos polos (9.2). Por otra parte, los medios digitales actualizan de manera definitiva el carácter de umbral de la generación previa de tecnologías de la comunicación, creado así una zona de indistinción en la que todos nos convertimos en emisores y receptores simultáneamente.
Vista desde un punto de vista económico, esta adireccionalidad de los medios digitales, en la que somos simultáneamente productores (emisores) y consumidores (receptores) de información, le agrega una capa más al problema: en la era digital el ciclo del mercado se cierra sobre nosotros y nos convertimos, dentro de una misma economía, tanto en materia prima como en producto (10.3); alfa y omega. Una nueva forma de alteridad liminar que cubre los dos polos de la producción capitalista. Es esta alteridad borrosa —que nos acerca peligrosamente a una zoé no humana—, la que sustenta el paradeisos virtual creado por el capitalismo de vigilancia, un umbral-parque de cacería que abarca la totalidad del mundo digital y sus intersecciones con su contraparte física.
En términos funcionales, la aparición de esta nueva alteridad fue el resultado de abrir el ciclo de reinversión del valor conductual (10.3) a un nuevo actor, el anunciante, para una vez incluido, cerrar el bucle nuevamente, anulando el flujo recíproco entre el usuario y el motor de búsqueda, en el caso de Google. Esta cuestión se hace aún más clara en la domótica (10.2), que al introducir un tercer actor entre el usuario y un producto de automatización del hogar —ya sea un anunciante o una empresa que captura/procesa/revende la información—, destrozó la pretensión original de esta disciplina de un ciclo cerrado que solo beneficiaría a los habitantes de la casa. De aquí en adelante el hogar humano quedó indefenso a las incursiones de cualquier entidad con los medios para acceder a esta información.
De vuelta al primer punto, si con la telemetría el mundo natural se convirtió en un parque de rastreo y cacería científica (10.1), la telemetría aplicada al hogar —es decir, la domótica—, convirtió el domus y el dominio humano en un parque de cacería de datos. Ahora, dado que la monetización del capitalismo de vigilancia solo puede ser exitosa si este se hace a todas las fuentes de plusvalía conductual a su alcance, es esencial hallar constantemente nuevos nichos de datos conductuales, una circunstancia que ha llevado a que la domótica sea uno de los sectores tecnológicos con un mayor crecimiento en los últimos años. “So pena de que el motor de la acumulación se desintegre súbitamente…” (10.4).
Deja un comentario