In time, the Strangefolk found their way into the higher reaches of the mountain
And it was there that they found the caves of unimaginable sincerity and beauty
By chance, they stumbled upon the place where all good souls come to rest
Gorillaz feat. Dennis Hopper, Fire Coming Out of the Monkey’s Head
La situación que convierte a los usuarios de Google en materia prima de su ciclo de valorización empieza con un estado de excepción (0.9, 0.10, 7.25, 7.26, 8.7). En palabras de Shoshana Zuboff:
La declaración de un estado de excepción funciona en política como un manto con el que tapar lo que, en la práctica, es una suspensión del estado de derecho para introducir nuevos poderes ejecutivos justificados por una situación de crisis. En Google, a finales del año 2000, sirvió de justificación para invalidar la relación de reciprocidad que existía entre la compañía y sus usuarios, y para animar a sus fundadores a abandonar su apasionada (y pública) oposición al aprovechamiento del negocio publicitario.1
Al suspender la reciprocidad que determinaba que los datos de los usuarios serían usados solo para efectuar mejoras en el servicio de los productos de la compañía (un “estado legítimo” en cualquier modelo de negocios), Google declaró tácitamente un estado de excepción y clamó soberanía sobre un nuevo ámbito de información. Los datos recopilados por los servidores del motor de búsqueda empezaron a ser vistos no como un método para ofrecer un mejor servicio sino como una fuente de ingreso que podia ser capitalizada y convertida en plusvalía.
Zuboff asocia esta circunstancia con uno de los principios básicos de la política colonial y el imperialismo (8.4, 8.20), la idea del “pecado original del simple robo” de Marx,
que hacía siglos que había hecho posible la «acumulación original de capital» (Marx) y que había iniciado toda acumulación ulterior, tenía que ser eventualmente repetido, so pena de que el motor de la acumulación se desintegrara súbitamente.2
La declaración de soberanía de Google sobre el rastro de información que sus usuarios dejan al usar su motor de búsqueda inicia un ciclo de desposesión en el que se nos roba información privada sobre nuestras vidas, gustos, deseos y aspiraciones que pasa a ser propiedad de una corporación y es usada descaradamente para generar ganancias. Esta invasión y robo de nuestras vidas privadas es la continuación por medios cibernéticos de la incursión de los medios de comunicación al domus humano (9.9, 9.15), que ahora penetra en nuestra vida interior y nuestra existencia social, en nuestra misma experiencia del mundo. El capitalismo de vigilancia inicia una fase de la evolución de los medios de comunicación posterior a la invasión Ballardiana a la mente humana (5.12, 9.2, 9.4) en la que la economía y los medios no solo han penetrado en la psique sino que empiezan a extraer información de ella en forma de datos.
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