§ 10.12. Conductismo digital

En su tercera temporada Westworld (6.17) toma un sorprendente giro. A la vez que la serie nos lleva por primera vez por fuera del parque de diversiones nos enteramos que el mundo exterior es también una suerte de paradeisos. Un parque de cacería dentro de otro. En la segunda temporada ya nos habíamos enterado de que el parque está grabando todos los movimientos y pensamientos de sus invitados acumulando una enorme cantidad de información conductual destinada a proyectos de mind uploading e inteligencia artificial. Westworld se rige por los imperativos del capitalismo de vigilancia. Dicho esto, no es sorprendente que el mundo exterior también sea un tipo de paradeisos virtual como el que hemos descrito hasta ahora. 

Caleb, el personaje principal de la tercera temporada, es un ex-mercenario traumatizado y atrapado en una vida completamente carente de perspectivas. Luego de salvar la vida de Dolores—una de las robots que logró escapar del parque—esta le revela la naturaleza de su mundo: como en Westworld, los humanos han sido puestos en una gigantesca prisión, un sistema socioeconómico global controlado por algoritmos que definen el lugar de una persona en la sociedad a través de patrones psicológicos, genéticos y de comportamiento. Una escalofriante aplicación del capitalismo de vigilancia que empieza a inclinarse más hacia la realidad que a la ficción. (10.8). En efecto, Westworld nos permite apreciar uno de los rasgos más singulares del lugar terrible surgido del capitalismo de vigilancia: el paradeisos virtual es un enorme laboratorio  de big data diseñado para generar certeza y aplicarla a la predicción de mercados.

Fiel a la teología política de corte gnóstico de la serie, Dolores actúa como una agente de liberación, una Sophia que difunde su conocimiento (6.4, 9.16, 9.21):

Te metieron en una jaula, Caleb; decidieron lo que sería tu vida. A mí me hicieron lo mismo.

Una vez Dolores le revela a Caleb que el sistema predice que se suicidará en unos diez o doce años, sale a flote uno de los aspectos más oscuros del conductismo digital implícito en el capitalismo de vigilancia:

Antes del sistema, un hombre como tú tenía una oportunidad. Trabajando mucho y esforzándose. Pero no pasarás de ser un obrero o un criminal de poca monta. Porque eso es todo lo que te dejarán ser. No invertirán en alguien que se va a suicidar. Pero al no invertir, garantizan el resultado.

El capitalismo de la vigilancia se presenta como un bucle cerrado, una profecía autocumplida, como determinismo conductual (10.8.1). El ethos de “estamos aprendiendo a componer la música, y luego dejamos que la música haga que bailen” implica que dada la suficiente cantidad de datos el resultado deseado parezca inevitable desde el principio. Un atropello a la agencia humana que rivaliza con los aspectos bio-conductistas de Un mundo Feliz de Huxley. 

La incertidumbre es el fermento de donde surge la libertad humana.

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