Smell the rose, the sweet sweet rose that grows
on castle walls in heaven.
Kula Shaker, Hey Dude
En coincidencia con la ambigüedad, con el umbral único de donde surge lo ameno y lo terrible (0.27) —ameno para el yo y la soberanía y terrible para la presa—, a los ojos de sus creadores, los paradeisos virtuales aparecen en su faceta suave, como jardines amurallados. En efecto, walled garden es el nombre que han recibido las redes sociales y plataformas al referirse a ellas en oposición a la red abierta (open web), es decir, la configuración original del internet. La confluencia entre ambas terminologías parecería sorprendente si no fuera porque los nuevos jardines amurallados son en realidad herederos de la comercialización del paradeisos que se concretó en la era moderna como el parque de diversiones y el centro comercial (6.14, 6.15, 6.16), que son a su vez una evolución “amena” de la topografía de los jardines y menageries reales (6.7, 6.8, 6.11, 6.12).
El surgimiento de estos jardines amurallados virtuales es inseparable de la dinámica económica de Silicon Valley y está íntimamente relacionado con la aparición y expansión de los paradeisos virtuales de Google y Facebook. Es en el patrón de conquista y colonización (10.5, 10.6) que ha llevado a estas corporaciones a adquirir y absorber cientos de compañías y startups desde la primera década de este siglo donde encontramos el origen de los nuevos jardines virtuales. El procedimiento es bastante sencillo: una corporación agrega a su paradeisos una diversidad empresas pequeñas o startups que le permitan ofrecer una mayor cantidad de servicios en línea a sus usuarios, de modo que estos no sientan la necesidad de abandonar su ecosistema para llevar una vida virtual. Esta jugada es esencial para la supervivencia de cualquier paradeisos virtual ya que los nuevos servicios pueden permitir una mejor y más eficiente captura de datos de diferentes fuentes, diversificando así el “portafolio conductual” de la compañía (10.7, 10.8).
La exclusividad es esencial para amurallar adecuadamente cada jardín, por lo que las guerras entre plataformas no son inusuales. «Luego de que Instagram fue a adquirido por Facebook en el 2012, Twitter impidió que los usuarios de Instagram importaran sus seguidores de Twitter. Instagram tomó represalias cortando la capacidad de los usuarios para compartir fotos en Twitter. Más recientemente, Facebook ha bloqueado a los usuarios de Vine, propiedad de Twitter, el acceso a su lista de amigos de Facebook en la aplicación»1. Según Marco Arment, ex-jefe de tecnología de Tumblr, esta situación afecta la interoperabilidad entre plataformas pues estas «te encierran, dejan fuera a los competidores y hacen un servicio tan exclusivo que incluso sería inútil si pudieras sacar tus datos».2
Esta situación está creando verdaderos burgos virtuales —originalmente castillos rodeados por una aldea y una muralla (0.28, 0.29)—, que, como Facebook, ahora quieren emitir sus propias criptomonedas para garantizar una cadena de suministro completa para sus usuarios. Con toda probabilidad estos burgos virtuales eventualmente se configurarán como los nuevos feudos del medioevo digital, la edad oscura a la que nos acercamos vertiginosamente. Esta combinación de circunstancias es lo que Yanis Varoufakis ha llamado muy acertadamente tecnofeudalismo.
- Ryan Holmes, “From Inside Walled Gardens, Social Networks Are Suffocating The Internet As We Know It,” Fast Company, Agosto 9, 2013. https://www.fastcompany.com/3015418/from-inside-walled-gardens-social-networks-are-suffocating-the-internet-as-we-know-it ↩︎
- Ibíd. ↩︎
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